Sobre cómo queremos liberarnos: el sentimiento del no poder

Actualizado: 13 de dic de 2020


Ensayo sobre el sentimiento de desesperación y desubicación en Las desventuras del joven Werther

Antes de adentrarse en el análisis de la propia obra es importante realizar una contextualización en la que se aclare de la mejor forma posible los sucesos importantes que ocurrieron en aquel momento, los movimientos instalados y la forma en la que todo eso afecta a nuestro autor. Entramos en una época en la que nos encontramos con un debate que surge por el cruce de distintas corrientes ideológicas que perviven o brotan en la Europa, o para ser más exactos, en la Alemania del momento: el racionalismo tolerante y liberal frente al radicalismo ilustrado de las normas y gustos preestablecidos, el pietismo místico y panteísta, la corriente popular romántica estaba llegando de las regiones nórdicas, el clasicismo homérico frente al neoclasicismo francés... Bien, pues dentro de toda esta situación, Goethe se convirtió en una figura muy importante dentro de un movimiento con bastante importancia conocido como Sturm und Drang (Tempestad e Impulso), y además no lo hace sigilosamente, si no que es participante de todos los intereses, conflictos y entusiasmos de esa élite.


Con respecto a la obra y el pensamiento de este filósofo, ambos son importantes porque son reconocidos y considerados como una reacción radical a una razón ilustrada que está instaurada en la época. El movimiento del Sturm und Drang tenía el objetivo de acabar con ese orden establecido por la razón para impulsar algo completamente opuesto y diferente, y en este caso el papel principal se lo arrebatará el sentimiento. Por tanto frente a esa razón lo que Goethe va a hacer es reivindicar ese sentimiento, un buen punto de conexión que tiene con aquellos autores que pertenecen al movimiento romántico posterior que en estos momentos comienza a entrar en auge. Pero ¿cuál es el motivo de imponer el sentimiento a la razón? Pues en opinión de todos aquellos que ejercen la coerción del sentimiento, la razón no nos da libertad, más bien con ella sucede todo lo contrario. Lo que hace ella en realidad es oprimirnos y esto es precisamente, lo que tanto Goethe como todos los pertenecientes a dicho movimiento quieren demostrar, que esa libertad que se erradica como verdadera en realidad no lo es, es algo fantasioso.

Ahora bien, además de por todas estas caracterizaciones generales por pertenecer a tal movimiento, la relación más directa que Goethe tiene con él se refleja de forma perfecta por diversas peculiaridades que podemos localizar en la obra a analizar, Las desventuras del joven Werther:

  • Su protagonista, Werther, representa de modo impecable aquel espíritu juvenil revolucionario, inconformista, aventurero... que tanto se reivindica.

  • Otro de los personajes a destacar es Lotte por representar perfectamente el prototipo de futura amada.

  • En referencia al tema del sentimiento, tanto los continuos lamentos y sufrimientos de Werther a lo largo de la obra, como por otro lado ese amor tan intenso hacia su amada.

  • Aparición de una gran unión entre los personajes y la naturaleza como un avance de lo que nos ofrece el movimiento romántico.

Por tanto, se puede concluir con que todo esto es un intento de dejar de lado a la razón para dejarnos invadir y llevar por el sentimiento, un sentimiento que nos sirva de guía para la creación de un nuevo proyecto de libertad.

Ahora bien, hacemos un punto y a parte para centrarnos ya en el papel tan importante que tomó la obra de Las desventuras del joven Werther en su momento, ¿por qué se le da tanta relevancia? En primer lugar porque lo que ella supuso fue la popularización del género de la novela que en aquel momento era un género poco conocido en Alemania. Goethe con esta obra desencadenó una fiebre por esta clase de lecturas, relegando así al segundo plano otros géneros como el drama, la fábula y la poesía. Esta obra va a acabar con el carácter receptivo de la novela alemana que había subsistido hasta entonces a base de modelos vecinos, de autores franceses e ingleses primordialmente. La popularidad le llega a Goethe al acertar en la plasmación de los sufrimientos, penas y alegrías de Werther con la forma narrativa popular en la literatura europea de su tiempo: la forma epistolar. El espíritu juvenil revolucionario inconformista se manifiesta en actitudes rebeldes de Werther contra las normas institucionalizadas, en el pacto con la naturaleza, fiel compañera y confidente y, sobre todo, en el enfrentamiento del individuo contra una sociedad que busca someterlo y domarlo a su capricho. Dicho todo esto, podemos dar paso ya al siguiente punto del ensayo en el que se tratará de resumir brevemente la historia contada en esta novela y como no, en destacar pequeños detalles que se pueden visualizar a lo largo de la lectura.

Análisis de la obra con influencia del punto de vista romántico

Antes de pasar a tratar elementos concretos que tienen una gran relación con la obra es importante aclarar diferentes cuestiones como el tema principal, cómo se desenvuelve la trama y sobre todo, aclarar las conexiones que se encuentran con el movimiento romántico mencionado anteriormente. La historia se conforma por una colección de cartas que el protagonista, Werther, le envía a su amigo con el objetivo de contarle a este último todo lo que él va viviendo a lo largo de su estancia en el pueblo que lleva como nombre Wahlheim. Se puede presenciar cómo el joven Werther queda encantado con aquel lugar y ofrece unas grandes descripciones de todos aquellos sentimientos positivos que le aporta la naturaleza, su paisaje e incluso las tradiciones que sus habitantes siguen.

Todo el pueblo estaba en el campo; solamente un muchacho como de unos cuatro años sentado en el suelo, sostenía entre sus brazos, estrechado contra su pecho, a otro niño como de medio año, sentado a su vez entre las piernas del mayor que le servía de poltrona, y a pesar de la vivacidad con que sus ojos negros miraban a todas partes, permanecía sentado tan tranquilo. Aquella estampa me hechizaba: me senté en un arado que había enfrente y dibujé con enorme deleite aquella escena fraternal. [...] Esto me reafirmó en mi propósito de, en lo sucesivo, atenerme únicamente a la naturaleza (Goethe, 1997: 64). Aquel pueblo verdaderamente le llena por esas descripciones que nos ofrece, y es en ese momento en donde Goethe plasma de la mejor manera esas referencias al movimiento romántico posterior con una crítica a los racionalistas, esa abundancia del sentimiento en todo lo que Werther nos va describiendo, esa crítica a aquellos que únicamente siguen las reglas...

Mucho podría decirse en pro de las reglas, casi tanto como puede decirse en alabanza de la sociedad burguesa. Quien se forma con arreglo a ellas nunca producirá algo malo o de mal gusto, lo mismo que el que se deja guiar por las leyes y los buenos modales nunca podrá ser un vecino inaguantable ni un singular malvado, pero, dígase lo que se diga, ¡también las reglas destruyen el verdadero sentimiento de naturaleza y la auténtica expresión! (Goethe, 1997: 64).

Ahora bien, es hora de entrar en el asunto más importante de la trama que conforma la obra. El primer encuentro que surge entre Lotte y Werther ocurre en un baile, donde conoce a la joven y automáticamente se enamora de ella. Aún después de descubrir que está comprometida, el joven decide establecer una relación de amistad íntima con ella haciéndose a medida que avanza la historia más cercanos, y no sólo con ella, si no también con su prometido, Albert. Al principio, después de llegar a conocer a dicha mujer, en las cartas se observa como le cuesta describir ese sentimiento que sufre porque nunca antes se había sentido de esa manera, e incluso intenta evitar ese sentimiento alejándose. Destacar que en un principio Albert estaba de viaje, pero en cuanto éste llega y vuelve a vivir con Lotte, Werther comienza a sufrir de forma más intensa porque ve cómo su amada está en manos de otro. Aparece aquí ese golpe de realidad que se lleva Werther, que hasta ese momento se dejó llevar como un niño,es decir, completamente por ese sentimiento y de forma inocente. A partir de aquí podemos decir que todo se vuelve más "oscuro" para Werther, sigue viendo a Lotte y manteniendo relación con ella, pero se guía única y exclusivamente por los sentimientos que posee.

¿Es preciso que sea así, que lo que constituye la felicidad del hombre se convierte en fuente de sus desdichas? (Goethe, 1997: 102).

Por tanto, el amor por Lotte que antes hacía feliz a Werther se convierte en un sentimiento torturador. No puede dejar de pensar en ella y de recordar aquellos momentos que ambos compartían en su tiempo libre, cosa que hace que nuestro protagonista comience a pensar que no hay otro final que el de la muerte. Ese deseo de morir no desaparece, pero se vuelve más ameno cuando decide marcharse para encontrar un nuevo rumbo con la esperanza de que todo mejore. Debido a toda esa pena que sufre por no poder tener a Lotte para él y de ver cómo ella avanza en su relación con Albert, decide marcharse de Wahlheim hacia Weimar con un objetivo claro, rehacer su vida y olvidarse de lo que siente por Lotte en un intento de ser feliz. A pesar de todos sus esfuerzos, Werther no consigue olvidarla, y la pena y el sufrimiento que siente aumenta en el momento en el que se entera de que Albert y Lotte ya se casaron durante su ausencia en la antigua ciudad. En su nuevo trabajo, por una parte, Werther está tan entretenido que apenas tiene tiempo para pensar en los recién casados, pero a medida que avanza la historia aclara que realmente no le gusta ese trabajo, que simplemente lo aceptó para alejarse de Lotte y Albert. Por tanto, llega un momento en el que Werther no le encuentra ningún sentido a su vida y de hecho lo dice claramente en la única carta que le dedica a Lotte de todo la obra.

No sé propiamente por qué me levanto ni por qué me acuesto (Goethe, 1997: 120).

Un tiempo más tarde decide regresar a Wahlheim, y allí en este momento de la obra, es donde vemos que el protagonista sufre más que nunca. Cada día vive atormentado porque su amor no es correspondido, incluso se imagina situaciones en las que Albert no existiera, estuviese muerto, situaciones en las que él pudiera disfrutar de la felicidad que él sentiría si pudiese estar casado con Lotte, porque Werther realmente cree que es lo que él merece. Con esta situación presente, Lotte se comienza a dar cuenta de que todo esto afecta demasiado a Werther, y decide que este último ya no debe visitarla tan a menudo. En la última visita que el propio Werther le hace a Lotte, después de recitarle un poema le roba un beso, a lo que Lotte reacciona encerrándose y pidiéndole a Werther que se vaya de su casa. A partir de este incidente, Werther tiene claro cuál va a ser el final de esta historia, cree que uno de todos los que conforman el triángulo debe de morir para acabar con todo esto, y tiene claro que ese debe ser él. En las últimas cartas ya va avanzando que tiene planeado de manera impecable el suicidio, y finalmente escribe una carta de despedida en la que recitaba unas explicaciones que debían ser halladas tras su muerte. Para cometer el suicidio lo que hace es encargarle unas pistolas a Albert poniendo de excusa que las necesita para un viaje, y este último le encarga a Lotte que se las mande. Lotte consciente de lo que Werther puede llegar a hacer, decide mandarselas igual con una sensación de temor ante lo que el protagonista hará. Finalmente Werther se quita la vida y su criado encuentra su cuerpo muerto en su habitación.

Es como si un telón hubiese caído ante mi alma y el escenario de mi vida infinita se transforma ante mis ojos en el abismo de la tumba siempre abierta (Goethe, 1997: 103).

Pues con todo esto, quedaría resumido y explicado el contenido de la obra, pero ahora es el momento de trazar conexiones con ciertos rasgos que se destacaron sobre el momento en el que se escribe la obra y el movimiento romántico. En primer lugar, está claro que el vínculo por excelencia es el del sentimiento ya que tanto en el movimiento del Sturm und Drang como en el romanticismo, es un factor a destacar. Se ve desde un principio que el joven protagonista es partidario de guiarse por los sentimientos debido a las críticas, que ya se destacaron, hacia los racionalistas. No obstante, es a medida que avanza la historia donde esto se va notando cada vez más hasta llegar a un punto en el que ya no existe ni una pizca de razón en él, y acaba cometiendo un suicidio.

Otro punto que tiene en común esta obra con el movimiento romántico es la aparición constante de la naturaleza a lo largo de ella. Vemos cómo nace esa unión tan especial con ella por parte de los personajes y concretamente, por parte del protagonista cuando por ejemplo realizaba esa descripción de Wahlheim. Sin embargo, aquí cabe señalar ciertos detalles que hacen que la visión de esa relación entre naturaleza y ser humano que se encuentra en los románticos, sea diferente a la que se encuentra en esta obra, unos detalles que residen en concreto en la fortaleza de la unión entre ambas partes. En los románticos hay tal fusión entre ambas que una se funde en la otra, es decir, se forma una unidad, de forma que es muy poco probable, o más bien imposible, que por muchos sentimientos negativos que nos invadan no sintamos cierta libertad de esos sentimientos en el momento en que entramos en contacto con la naturaleza, ella te va a liberar de esos sentimientos negativos porque tiene esa capacidad, porque precisamente es lo que es para los románticos, libertad. En cambio, en esta misma obra vemos como esa liberación nunca llega, como Werther se va angustiando cada vez más y se deja ir consumiendo por ese sentimiento hasta llegar al suicidio, donde él realmente cree que va a encontrar una libertad eterna.

Lo mismo me ocurre a mi muchas veces: quisiera abrirme una vena que me procurase la libertad eterna (Goethe, 1997: 127).

Para finalizar este punto, además de estas conexiones con aquellas corrientes mencionadas en la introducción, hay otros temas que fueron tratados posteriormente en la filosofía con los que también se puede enlazar. Por un lado, está el sentimiento del absurdo tratado por una gran cantidad de filósofos, de entre los que podemos destacar a Albert Camus, y por otro lado, el tema de la desesperación tratado entre otros por el filósofo danés Soren Kierkegaard.

Lo absurdo de la existencia: el suicidio como liberación

Para todos aquellos que tratan el tema del absurdo debemos hacernos una pregunta que es fundamental antes de hacernos otro tipo de cuestiones, y esta es precisamente el juzgar si la vida vale o no vale la pena ser vivida. Pues bien, en este punto vamos a ver reflejada esta cuestión a través del protagonista de la obra a tratar, y es que Werther tiene mucho en común con este tipo de sentimiento. Para empezar, lo que se debe hacer es una breve definición sobre lo que es el absurdo. La definición es la de un conflicto entre la búsqueda de un sentido tanto intrínseco como objetivo a la vida humana y a la inexistencia en apariencia de este sentido. Las soluciones que normalmente se dan hacia este absurdo son el suicidio, la religión o la simple aceptación del propio absurdo.

A partir de esto, ese absurdo no se trata de una cuestión social, si no de una cuestión individual, es decir, cada uno debe indagar en si mismo sobre todo este asunto, para encontrar algún tipo de solución y darse cuenta de que la búsqueda de ese sentido es algo primordial. Es aquí, en esta indagación dónde se da con ese absurdo y a veces se llega al suicidio como solución, pero en esto profundizaré más adelante después de presentar el caso de Werther.

Ahora bien, habiendo dejado claro todo esto hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿dónde reside la relación entre el absurdo y la obra a analizar? Pues hay bastantes referencias que los relacionan a ambos, de hecho al principio de ella ya se hace como una alusión a este sin sentido que tiene nuestra existencia.

Sabios maestros y preceptores están de acuerdo en que los niños no saben lo que quieren; pero que también los mayores vamos por este mundo tambaleándose, sin saber, como aquellos, de dónde vienen y a dónde van, que actuamos como ellos sin verdadero objetivo, dejándonos guiar por bizcochos y pasteles y ramitas de abedul: esto a nadie le gusta creérselo y es algo que se palpa con las manos (Goethe, 1997: 62).

Vemos reflejado aquí a un joven sin un rumbo claro, que le busca un sentido a todo aquello que nos sucede, a la manera de actuar que tenemos, etc. Y cuando se pregunta por ese sentido se da cuenta de que no existe ningún tipo de explicación, por lo tanto aquellos que asuman ese sin sentido de la realidad son los que van a llegar a poder ser felices en algún momento. Pues bien, a partir de aquí nuestro protagonista toma su propio rumbo en Walheim, y es aquí precisamente donde va a hallar algo que se va a encargar de darle un sentido o un rumbo a su existencia. En cuanto Werther conoce a Lotte comienza a tener un sentimiento de amor hacia ella, y precisamente va a ser ese sentimiento el que le dé ese sentido a la existencia del joven. Pero ¿qué ocurre aquí? Que ese sentido en realidad es algo fantasioso que Werther crea en él mismo, ya que desde un principio él sabe que el amor que siente por Lotte nunca podrá ser correspondido, pero parece que todavía no lo tiene asumido del todo. Y aquí es dónde va a entrar en juego ese absurdo, ya que a medida que avanza la historia, Werther va saliendo de esa fantasía que él mismo se creó para ir chocando con la propia realidad, y ¿qué es lo que hay en esa realidad? Pues el propio absurdo. ¿Por qué el transcurso de la vida hizo que Lotte se cruzara en su camino si nunca va a poder estar con ella? ¿Por qué él tiene que sufrir de esa manera viendo como Lotte es feliz con su prometido? Todas estas preguntas son absurdas, es decir, no tiene sentido hacérselas porque en ningún momento se puede encontrar una respuesta a ellas.

Dicho esto, se observa en la obra como el joven intenta tomar medidas ante esto y decide alejarse de aquel lugar, donde la propia Lotte reside, para buscar un nuevo rumbo. Él cree que alejándose de Walheim puede encontrar algo que haga que su propia existencia todavía tenga un valor, o que por lo menos le mantenga la cabeza alejada de todo el sufrimiento que le es provocado por el golpe de realidad. Por un instante se podría decir que lo consigue, ya que nos muestra como el trabajo al que ahora se dedica lo tiene tan ocupado que no tiene tiempo para pensar en los demás, además de las nuevas personas que conoce allí.

A decir verdad, comienzo a encontrarme aquí bastante regular. Lo mejor de todo es que hay bastante que hacer, y además la variedad de gentes y de nuevas caras representan para mí un espectáculo multicolor (Goethe, 1997: 116).

Pero esto vuelve a ser otra ilusión ya que debido a la carga de trabajo con la que cuenta, el joven comienza a desesperar y decide volver cerca de Lotte. Ahora bien, errónea decisión porque en el momento en el que vuelve, comienza a ver a su amada de nuevo buscando un poco de luz, y realmente con lo que se va a encontrar es con mucho más sufrimiento.

Y, ¿debería decirlo? ¿Por qué no, Wilhelm? ¡Ella sería más feliz conmigo que con él! ¡Oh! El no es el hombre capaz de colmar todos los deseos de ese corazón. Cierta falta de sensibilidad, falta... tómalo como quieras, que su corazón no late a la par en... ¡oh!, en un determinado pasaje de un buen libro, en el que mi corazón y el de Lotte concuerdan (Goethe, 1997: 132).

Vemos incluso cómo se llega a hacer esa pregunta que ya adelantamos con anterioridad, por qué Albert y no él, si él es el que realmente merece estar con Lotte. Pues bien, todo esto hace que todo ese tormento se vuelva cada vez mayor, al igual que el sin sentido en relación con su existencia, por lo que acaba llegando a la conclusión de que la forma de liberarse de todo esto es a través del suicidio. De hecho, bastante antes de llegar al final de la obra ya lo menciona en una conversación con Albert:

La naturaleza humana -continué argumentando- tiene sus límites: puede soportar hasta cierto grado de alegría, las penas y sufrimientos, pero sucumbe en cuanto sobrepasa esa barrera. No se trata por tanto aquí de si uno es fuerte o débil, si no de si puede soportar el grado de sufrimiento, bien sea moral o físico. Y me parece igualmente absurdo tachar de cobarde a quien se quita la vida; como no sería pertinente tildar de cobarde a quien muere de una fiebre maligna (Goethe, 1997: 99).

Ahora bien, Werther es un personaje completamente entregado y dominado por los diferentes sentimientos que se le van produciendo a lo largo de la obra. Es decir, ese absurdo del que estoy hablando se encuentra en absolutamente cada uno de nosotros, pero en casos como el de este protagonista se ve intensificado por esos sentimientos. De esta forma se nos llega a nublar tanto la mente, que llegamos a creer que la mejor solución es la de un suicidio, pero en realidad ¿qué tipo de solución es esta? Entiendo que de esa forma podemos liberarnos del sufrimiento que sentimos, pero también acabamos con todo lo que somos, con nuestra existencia, entonces ¿pesa más el acabar con todo que el seguir viviendo con esta clase de sufrimiento? Me parece curioso que nuestra propia libertad sea utilizada por nosotros mismos de esta forma, pero lo que más me llama la atención de todo esto, es que incluso llegamos a ser capaces de perderle el miedo a aquello que le aterra a la gran mayoría, la muerte. En estos momentos somos capaces de llegar a la certeza de que lo mejor es morir, cuando ni siquiera tenemos la certeza de que hay tras nuestro fin. Entiendo que en el caso de Werther él mismo piensa que hay una infinitud por las distintas menciones que hace sobre Dios, pero sigue sin tener la certeza de que esta se de. Siguiendo con esto, creo que Werther pasa por las otras dos posibilidades para acabar con el absurdo que indicaba cuando presentaba dicho tema. Y es que si vamos a la obra vemos como constantemente hay referencias a Dios, preguntándole por qué le hace sufrir tanto, por qué su vida tomó ese rumbo...

¿Mientras otros con sus escasas fuerzas y talento se pavonean ante mí en satisfecha complacencia de sí mismos, desespero yo de mis energías y de mis dotes? Dios bondadoso que me has otorgado todo esto, ¿por qué no te has reservado la mitad y me das en cambio complacencia y confianza en mí mismo? (Goethe, 1997: 115).

Por lo tanto, vemos aquí como la liberación a través de la religión no fue posible en nuestro protagonista,quizá porque su fe no era tan intensa, pero si pasamos a la segunda posibilidad que tiene que ver con el asumir ese absurdo, vemos como tampoco fue posible. Hay un intento por llegar a asumir que no hay respuesta al sinsentido de la vida, sobre todo en la segunda parte de la obra donde me parece que se encuentra de forma clara esa indagación que el protagonista hace en sí mismo intentando encontrar algo en él o a su alrededor, que lo ayude a salir adelante. Aún así, el intento por llegar a asumir esto no sale adelante, y es por eso, por lo que Werther se enfrenta con la tercera de las posibilidades (que imagino que es la última a la que se recurre) a la que acabó cediendo. Para mi la mejor solución siempre es asumir ese absurdo, es decir, vivir precisamente en ese estado, con lo que sé y lo que puedo llegar a saber, sin intentar ir más allá. Werther en todo momento sabe que nunca va a tener respuesta a todas las preguntas que se hace sobre Lotte, al por qué Albert y no él, pero continuamente se martiriza con ellas. Esto es realmente lo absurdo para mí, o sea, por mucho que le busquemos un sentido a todo no lo vamos a encontrar, entonces, ¿para que te martirizas una y otra vez? Eso es lo que realmente no tiene sentido.

Goethe en Kierkegaard: una dialéctica de la desesperación

Para entrar en el tema de la desesperación tenemos que volver al principio de esta historia y encontrar el origen de este sentimiento para tratar de analizar a todo lo que conlleva. Para ello además de esta obra, se tendrá en cuenta aquella en la que el filósofo danés Søren Kierkegaard trata dicho tema, La enfermedad mortal.

Pues bien, dicho esto centrémonos en el primer punto, ¿de dónde le viene este sentimiento a nuestro protagonista? Si recordamos en un inicio el personaje desde que llega a Walheim se nos presenta como una persona contenta consigo misma y con todo lo que le rodea. De hecho, Goethe nos da bastantes descripciones de como Werther se siente muy cómodo en este lugar, por todo en general, por el paisaje que le ofrece, por la gente... Lo sentimientos negativos llegan cuando conoce a Lotte y es consciente de que ella está prometida, pero no es hasta que llega Albert cuando nuestro protagonista sufre tal golpe de realidad que se encuentra con ese sentimiento que se va a exponer en este apartado, el desespero. Es decir, antes de la llegada de Albert creo que Werther era consciente de que Lotte estaba prometida, y de que por tanto no se hallaba a su alcance, pero aún así me da la sensación de que no lo tenía del todo asimilado por como reacciona tras la llegada de Albert. Ahora bien, es a partir de la llegada de Albert donde vemos a un Werther que se convierte en el ejemplo perfecto de lo que Kierkegaard nos muestra en su obra en relación a distintos tipos de desesperación. Por un lado diría que es un gran ejemplo de aquella desesperación que se da por no querer ser uno mismo, pero antes de entrar en todo esto, lo primero es contextualizar y explicar como se toma la desesperación en la obra de La enfermedad mortal para así, a continuación, relacionarla con la de Goethe.

Pues bien, lo primero a tener en cuenta es que para Kierkegaard el ser humano es espíritu y por tanto, la desesperación será considerada una enfermedad de ese espíritu, pero ¿qué es el espíritu?:

El hombre es espíritu. Mas ¿qué es el espíritu? El espíritu es el yo. Pero ¿qué es el yo? El yo es una relación que se relaciona consigo misma, o dicho de otra manera: es lo que en la relación hace que ésta se relacione consigo misma. El hombre es una síntesis de infinitud y finitud, de lo temporal y lo eterno, de libertad y necesidad, en una palabra: es una síntesis (Kierkegaard, 2008: 33).

Por tanto, vemos aquí como ese yo no es una relación, si no el hecho de que la relación se relacione consigo misma. Aquí tenemos que ser conscientes de que entonces no somos simplemente una relación de temporalidad, de finitud e infinitud, de libertad y necesidad, si no que como bien se dice en la propia cita, hay algo (una actividad) que hace que esa relación se relacione consigo misma. Por tanto, para llegar a saber que somos y hacernos efectivos, es necesario responder si esa relación se puso a sí misma, o si hay algo más fuera de ella misma, un otro que la puso. Si se da la existencia de ese otro entonces la relación de la que hablamos se va a tener que relacionar con algo de fuera, con el poder que la puso,es decir, por ponerle un nombre, con Dios. Si la relación fue puesta, la posibilidad de que la relación se haga efectiva equivaldría a vivir en relación a aquello de lo que derivamos, es decir, en este caso sería necesario reconocer a la trascendencia, a Dios. Esto mismo vemos que el propio Werther tiene la capacidad de hacerlo, es decir, él es consciente de que existe esa trascendencia, ese algo que hace posible su existencia. De hecho hace referencia a ese Dios en diferentes ocasiones, un Dios que él mismo cree que lo puso ahí, en el mundo. Aún así esta relación con la trascendencia cambia a lo largo de la obra y llega un momento en el que creo que Werther puede llegar a perder de alguna manera esa relación, lo que provoca por un lado ese desespero. Ahora bien, sobre esto no considero tener la seguridad para afirmarlo ya que en realidad, que Werther cuestione o que incluso no llegue a estar de acuerdo (cómo se deja ver en el apartado del absurdo) con las acciones que Dios realiza, no significa que deje de creer en esa relación con la trascendencia. Por lo tanto, creo que esa confusión que hay en él no es en realidad desespero, si no que más bien la definiría como angustia.

Con todo esto aclarado, volvemos al punto de la desesperación asumiendo que la que sufre Werther no puede venir dada por el no reconocimiento de esa trascendencia, más bien yo creo que tiene que ver con eso que mencionaba ya antes, con el no querer ser uno mismo. Es algo curioso que le suceda esto a nuestro protagonista porque de hecho, hay un momento en el que precisamente se aclara como es una persona que en realidad lo tiene todo, sin embargo como no tiene el amor de Lotte parece no tener nada. Podría llevar la mejor vida y la más feliz si no fuese un loco. No se dan fácilmente circunstancias tan propicias, como éstas en las que yo me encuentro, para hacer dichoso el corazón de un hombre. Cuán cierto es, que sólo nuestro corazón puede labrar su propia dicha (Goethe, 1997: 95).

Desde el momento en el que sabe que Lotte no puede ser para él, siempre vemos ese deseo de cambiar, de ser otra persona, en este caso de ser Albert. Aún así, muchas veces parece que lo que en realidad hacemos las personas es simplemente desesperar de algo, pero de lo que realmente desesperamos es de nosotros mismos, y lo que queremos es deshacernos de nosotros mismos. El ejemplo que nos ofrece Kierkegaard para reflejar esto es el del "O César o nada".

Esto es lo que le pasa, por ejemplo, al ambicioso de dominio, al que tiene el lema de «o César o nada», que en cuanto no llega a ser César, se pone a desesperar sobre el particular. Pero en realidad lo que esto significa es algo distinto, a saber: que tal sujeto, precisamente por no haber llegado a ser César, ya no puede soportar ser sí mismo. Por lo tanto, no desespera propiamente sobre el particular de no haber llegado a ser César, sino del propio yo que no lo ha llegado a ser (Kierkegaard, 2008: 40).

Básicamente lo que ocurre aquí es que si el sujeto no llega a ser César no puede soportar ser sí mismo, entonces desespera del propio yo que no ha llegado a ser César. Ahora bien, en el caso de convertirse en César lo único que conseguiría es tener la impresión de deshacerse de sí mismo. Pues lo mismo ocurriría con Werther en su caso, de hecho lo único que tenemos que hacer para verlo claro es cambiar el nombre de César por el nombre de Albert. En realidad lo que se pretende así es deshacerse de sí mismo, del yo que realmente es, para llegar a ser un yo de nuestra propia invención, por tanto de esta forma no nos podemos librar de esa desesperación porque sigues ligado al yo.

Ahora bien, a esto hay que añadirle el hecho de que Werther es consciente de que sufre esta enfermedad mortal, y es así mismo precisamente como la menciona él mismo. Concederás que llamemos enfermedad mortal a aquella que ataca de tal modo a la naturaleza que destruye en parte sus energías, en parte las inutiliza para el servicio, hasta que ya no puede valerse más por sí misma, ni es capaz de restablecer el curso ordinario de la vida mediante alguna reacción afortunada.

Pues bien, querido, apliquemos esto mismo al espíritu. Observa al hombre en sus limitaciones, mira cómo actúan sobre él las impresiones, cómo arraigan en él las ideas, hasta que al fin una pasión creciente le roba todas las serenas fuerzas de su razón y le impulsa a su destrucción (Goethe, 1997: 99).

Hago aquí un breve inciso para señalar que justo en esta cita aparece la palabra clave espíritu, para confirmar eso que ya adelantaba antes y es que Werther reconoce a ese otro que le puso en el mundo, a esa tercera relación, que hace que se pueda conformar como tal. Bien, pues siguiendo con la consciencia por parte de Werther de que sufre esa desesperación, resaltar que esto para Kierkegaard hace que la cosa sea todavía más grave de lo que ya era porque en realidad lo que sucede aquí es que todavía estará más desesperado de lo que cree, ¿por qué realmente sabemos lo que es la desesperación? No creo que podamos llegar a saberlo ya que como bien explica el danés a la hora de tratar esto, cuando estamos desesperados no tenemos la lucidez del conocimiento, lucidez con desespero no son precisamente compatibles. Es interesante ver las cuestiones que se hace en este mismo apartado:

¿No debiera esa lucidez de conocimiento, y de conocimiento propio, arrancarlo a uno de las oscuras garras de la desesperación? ¿No debiera llenarlo de pavor para consigo mismo, de suerte que cesara de estar desesperado? (Kierkegaard, 2008: 70).

Pues para responderlas tenemos el caso de Werther, y es que en él vemos perfectamente, y de hecho en la cita anterior se confirma, como toda pizca de razón que pudiese haber en nosotros en el momento que entramos en el desespero desaparece. En este caso concreto, lo que hace nuestro protagonista es dejarse llevar completamente por la pasión que siente por su amada, acto que precisamente le ciega y si ya estaba cegado anteriormente, ¿cómo va a ser capaz de tener lucidez cuando aún por encima sufre ese desespero? Imposible, incluso siendo consciente del sufrimiento que le produce el desespero, la pasión que siente por su amada es más fuerte que cualquier otra cosa y eso, en realidad, es lo que le lleva a todo lo demás porque desemboca en no querer ser él mismo, en querer ser otro, en querer liberarse de todo... Para que quede claro, el ser consciente de esa desesperación, lo que hace es elevar ese grado de desesperación por no saber cómo salir de ahí, porque el buscar salidas nos lleva a desesperar más, sólo hay que pensar en Werther cuando se marchó en busca de un cambio de aires, de algo que le mantuviese la mente ocupada de aquello que lo desespera.

Pues bien con esto llegamos a uno de los puntos claves porque, ¿qué significa entonces el suicidio en toda esta historia? La respuesta del filósofo danés es bastante clara:

Así, por ejemplo, mucho más intensa será la desesperación del que se suicida teniendo conciencia de que el suicidio es una desesperación -y, por tanto, teniendo una idea cabal de lo que la desesperación es-, que la del que se quita la vida sin tener una idea verdadera de que el suicidio es una desesperación (Kierkegaard, 2008: 71).

Podría decirse entonces que la desesperación cuando se vuelve tan intensa nos ciega hasta tal punto en el que ni somos conscientes de que es y que no es desesperación, que incluso podemos llegar a ver el suicidio (que sí lo es), como una liberación de todo esto, cuando en realidad lo que haría es confirmarnos la intensidad de nuestro desespero. Eso precisamente es lo que le sucede a Werther, es decir, en el momento en el que se le pasa por la cabeza la idea de suicidio, se le pasa como una liberación de todo eso que está sufriendo y no como una prueba del grado de desespero que sufre, porque está cegado.

Para ir dándole un final a este apartado debería dejar claro a qué tipo de desesperación pertenece esta que estoy describiendo a través de este personaje. Creo que podría ser la que Kierkegaard nos presenta como una desesperación por lo terrenal (que pertenece a uno de los subtipos de aquella en la que se desespera por ser uno mismo), pero hay ciertos factores que me hacen dudar. Por un lado, sí que es cierto que esta desesperación viene dada por algo terrenal y que de hecho ocurre lo que se recalca en esta descripción que pertenece al mismo apartado en la que es tratada:

Pues mientras el yo, fantásticamente, desespera con una pasión infinita por algo terrenal, esta misma pasión infinita es la que concierte ese algo particular en todo lo terrenal..., lo que quiere decir que la determinación de la totalidad de lo terreno es algo que radica y pertenece al desesperado mismo (Kierkegaard, 2008: 84).

Ahora bien, las dudas que me entran es en el momento en el que pienso en la situación que se da de que Werther quiere llegar a ser otro, Albert, porque según Kierkegaard esto ya no es desespero porque ya no se está ligado al yo. Pero si profundizo en esto, creo que aunque Werther quiera llegar a ser Albert no significa que quiera ser él en todos los sentidos, es decir, quiere estar en el lugar de él, pero ¿realmente se quiere desligar de ese yo para ser otro? Creo que no, simplemente lo que quiere es ocupar su puesto pero que ese yo que es en sí mismo (en este caso) no cambie. Cuando asume que ese cambio de lugar no puede ocurrir, es cuando realmente entra en juego ese no querer ser uno mismo y cuando entra en juego eso que el danés denomina hermetismo. Básicamente, entiendo que la persona hermética sería aquella que se guarda todo ese desespero para sí mismo y que precisamente eso es lo que le acaba afectando en desmesura. Es decir, delante de los demás esa persona luce como si todo fuera bien, en el caso de Werther por ejemplo en ocasiones se puede ver esto ya que, a pesar de sufrir todo aquello que sufría siempre se comportaba de forma natural con los niños, con Lotte, etc. Intentaba ocultar todo y seguir reflejando hacia los demás lo que fue desde un principio, cosa que creo que en parte provocó ese nivel de desespero en él, porque sí, tenía un confidente al cual le contaba todo lo que le estaba pasando y que le provocaba todo esto (el remitente de las cartas), pero puede que eso le provocase incluso más desespero pensando en que quizás hubiese hecho mejor quedándose callado.

En definitiva, el caso es que el tipo de desesperación al que pertenece la que sufre el personaje es la de no querer ser uno mismo, pero la verdad no sabría si encasillarla en el subtipo que tiene que ver con la que sucede por lo terrenal o en la que aparece este hermetismo, en torno a lo eterno o a uno mismo. Podría proseguir analizando a Werther siguiendo en detalle la obra de La enfermedad mortal apartado por apartado, pero creo que la idea principal de lo que quería mostrar queda clara con lo dicho.

Conclusión

Hecho todo este proceso puedo decir que entiendo porque esta obra causó las sensaciones que causó en su momento, no la gran cantidad de suicidios que hubo gracias a ella, si no esa cercanía o familiaridad que las personas vieron en ella. Porque en mayor o en menor medida, creo que todos nos podemos identificar con alguna de las sensaciones que Goethe nos describe por medio de su protagonista, puede que esa sea la llave que me haga ver una gran cantidad de relaciones con diferentes problemas o temas tratados. Pero bueno. para no irme por las ramas, concluiré con aquellos que son tratados en este ensayo. Con respecto al absurdo es algo que atormenta mi cabeza bastante a menudo, eso sí la vía que yo tomo es bastante diferente a la de Werther, la de asumirlo. Como digo viene bastante a mi cabeza, pero en realidad es algo con lo que no me atormento, soy bastante partidaria de que el hacer un esfuerzo en solucionar ese tipo de cuestiones es en vano, así que simplemente me adapto a lo que hay, me pregunto cosas que probablemente no tenga sentido preguntarse pero nada fuera de lo común, de hecho diría que hasta me gusta hacerlo.

Por otro lado, en el tema de la desesperación obviamente siento que tengo bastante compatibilidad con el personaje. Creo que esto no sólo pasa en mi, si no en la gran mayoría, todos en algún momento hemos sentido desesperación de algún tipo, todos excepto aquellos lógicos sin emociones que creen que simplemente somos números (aunque en este caso diría que habría desesperación por no tener un reconocimiento del yo). Pero en fin, el caso de Werther es un caso que creo que se sufre más de lo que muchas veces somos capaces de identificar, es decir, en algún momento por diversas razones todos hemos llegado al mismo punto que es el desespero por querer deshacernos de nosotros mismos. De hecho ahora mismo (y desde hace semanas) creo que estoy atrapada en un nivel de desesperación que hace que ya no tenga ni la mínima lucidez para escribir algo decente. Al final este tipo de sentimiento es algo de lo que no nos podemos desligar, cosa que también me desespera porque soy muy dada a pensar en cómo nos sentiríamos al alcanzar algún tipo de plenitud, una liberación de todo aquello que nos provoca este tipo de sentimiento (sin usar todo aquello que nos recomendaba Novalis).

Por último, otro tema que creo que me crea bastante vínculo con la obra sería el relacionado con la naturaleza por como yo siento esa unión, pero como todo esto ya lo traté en el trabajo de la materia de Ecología tampoco quiero parecer una cinta que ya escuchaste, que acabas de rebobinar y que tienes que volver a escuchar.

Bibliografía

  • von Goethe, J. W. (1997). Las desventuras del joven Werther. Madrid: Cátedra.

  • Kierkegaard, S. (2008). La enfermedad mortal. Madrid: Trotta.