El Anti-Experimento Milei o por qué el socialismo no falla en sus propios términos (o al menos aquí)

Es bastante común en la retórica liberal escuchar como ejemplo de cómo funciona una sociedad socialista el "Experimento Milei". Este experimento, promocionado por el economista de la escuela austríaca Javier Milei propone lo siguiente:

Un profesor decide que, para ilustrar el socialismo, las notas de los alumnos de su clase van a ser redistribuidas de modo que cada uno tendrá la media de su clase. En el primer semestre, los alumnos recibieron un 7 de media, lo que provocó que en el segundo semestre, los más trabajadores (que normalmente llevaban un 10) se esforzasen menos, mientras que los más vagos trabajaron menos dado que iban sacar buena nota igualmente. Esto causó que en el segundo semestre todos sacaran 4. Finalmente, todos enfadados con todos, en el tercer semestre ninguno se esforzó, dado que su nota iba a depender de los demás, por lo que sacaron todos un 1. [1]

El experimento busca afirmar que (i) los sistemas meritocráticos son los únicos que proporcionan las mejores aptitudes para conseguir el mayor beneficio; (ii) este sistema permite una distribución de riqueza justo, en la asignación del sueldo en función del trabajo; (iii) y que toda redistribución es inherentemente injusta e innecesaria. Aquí veremos que, independientemente de nuestras concepciones de justicia, hay una diferencia fundamental entre un mercado económico -en el cual hay una oferta monetaria limitada- y un mercado académico -un mercado de valores en el cual el mayor valor es un 10 y el menor es un 0 en las evaluaciones.


Por qué puedo sostener la meritocracia en el ámbito académico mientras que en el ámbito económico no


Al experimento, muchas personas dirían de que no es justo en ningún término la redistribución de notas, dado que la nota de cada quien representa el esfuerzo (o habilidad de copiar en un examen) de cada quien. Y esto es consistente, dado que hay una diferencia esencial entre el mercado académico de valor (notas) y el mercado económico (moneda): que en el mercado académico el valor que yo creo no depende en ninguna medida de las acciones de los demás mientras que en el proceso económico sí. ¿Esto que quiere decir? Que el experimento Milei sería válido si añadiese a la premisa que hay un límite de puntuación (una persona saca la máxima nota mientras el resto saca la mínima). ¿Puede ser el caso en economía de que todos y cada uno de nosotros alcanzase el máximo valor? Obviamente, no. Se puede reformular el experimento de este modo:

Un profesor decide que va a permitir a los alumnos escoger como distribuir las notas: (a) meritocráticamente (b) o de forma igualitaria. La clase cuenta con 10 personas, y la máxima puntuación es 100 a repartir. Es suficiente para aprobar la materia un 10. Los alumnos pueden optar por (a) competir y optar por la mayor nota, que exigiría que una persona sacase 100 mientras el resto 0 (b) o redistribuir de modo que cada quien tuviese lo suficiente para promocionar, es decir, un 10.

Creo que en este caso muchos optaríamos por la redistribución (siempre y cuando no seamos teóricos del fin presente) [2]. Esta reformulación no se diferencia mucho de los Dilemas del prisionero habituales que podemos encontrar en la literatura filosófica y económica [3]. Sin embargo, en los casos de valores restringidos [4], se forma una campana de Gauss invertida de aprobadas (en el esquema parece más bien un triángulo de Gauss, pero se debe a que no tengo práctica haciendo esquemas).


Aquí debo admitir que estoy contrabandeando una premisa; y es que en este sistema no estoy teniendo en cuenta que es posible que, si nadie crea valor (en este caso, que nadie estudie), que cause que todos tengan un 50%. Esto se debe a que los sistemas de valores restringidos pueden colapsar ante la falta de producción y consumo, aunque creo que es fácilmente soslayable como expongo en el último punto.


En qué sentido me puede atacar un meritocrático

Una persona meritocrática puede aceptar que el experimento Milei es erróneo, pero puede seguir defendiendo una concepción de justicia del mérito, dado que muchas personas tienen la intuición de que es injusto para aquellas personas que causen mayor valor tengan que cederlo a otras personas que crean menor o ningún valor. En este caso, no tengo otros argumentos que los argumentos keynesianos [5] de que la redistribución es beneficiosa a para todos dado que puede haber equilibrio económico con desempleo.


Sin embargo, en este breve artículo solo vengo a exponer las razones por las que el experimento de Milei es erróneo, y de que en sistemas no restringidos, como es el caso del experimento, la meritocracia puede tener sentido y ser justa dado que, en condiciones ideales, no hay influencia externa en el resultado; es decir, que no hay interferencia alguna para que alguien alcance el mayor valor.


Qué podría concederse al experimento Milei

Podríamos afirmar que lo que realmente busca este experimento es ilustrar que la única forma que tenemos los seres humanos de contribuir a la economía es a través del egoísmo racional. A mi modo de ver, hay dos formas de hacer que la gente contribuya de la mejor forma posible a la economía (de mercado) sin causar crisis social ni económica:

  • Socialismo en forma de Capitalismo: del mismo modo que se dice que el utilitarista (para causar el mayor bien) no debe contribuir a crear utilitaristas, podríamos seguir manteniendo un sistema de redistribución pero sin eliminar de las personas la "mentalidad de tiburón" de forma que (1) se palíen los desajustes económicos que puedan crear estas personas 'emprendedoras' (2) las personas que no tengan acceso garantizado a fuentes de ingresos (dado el desempleo natural [5], por ejemplo) puedan tener una vida mejor a través de políticas sociales de redistribución. Así, mantenemos el egoísmo racional a nivel individual pero colectivamente no.

  • Crear conciencia de cual es la mejor forma de producir valor: podemos concienciarnos como sociedad que la mejor forma de producir es a través de hacer ciertas labores durante x tiempo en virtud de que podamos vivir de la mejor forma trabajando lo menos posible. En el mismo sentido que, en una piragua, todas las personas deben remar al unísono para conseguir el mejor avance posible. Sin embargo, la concreción de esta medida se escapa de mis capacidades, por lo que no puedo garantizar que sea posible (al menos a corto plazo).

La respuesta a esta disyuntiva se encuentra en cuanto confiemos en la racionalidad de los agentes, es decir, en nuestra racionalidad para actuar.


Notas


[1] (7 de enero de 2019). El "experimento Milei" que refuta el socialismo y se volvió viral. Infotechnology. URL=<https://www.infotechnology.com/online/El-experimento-Milei-que-refuta-el-socialismo-y-se-volvio-viral-20190107-0003.html>. Es una versión reducida, pero te recomiendo que leas el artículo.


[2] Parfit, D. (2004). Razones y personas. Madrid: Antonio Machado. La teoría del fin presente tiene tres versiones (pp. 241-245), pero básicamente defiende que "lo que cada uno de nosotros tiene más razón para hacer es lo que realizaría mejor sus deseos presentes" (versión instrumental, p. 241).


[3] Ibidem. Consultar el capítulo 2 sobre el Dilema del prisionero. Puedes consultar el problema igualmente en la página de Wikipedia Dilema del prisionero.


[4] Con 'valores restringidos' me refiero a que existe un límite de adquisición de valor que una puede acaparar, el 100% de la oferta monetaria por ejemplo, que exige que al resto de participantes le corresponda el 0%; mientras que con 'valores no restringidos' me refiero que una persona puede tener el 100% del valor posible y no obligar al resto de participantes a tener un 0% (podría ser un sistema en el que todos los participantes tuviesen un 100% de valor).


[5] Keynes, J. M. (2003). "La función de la ocupación". Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. México D.F.: FCE, 249-259.

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